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jueves, 27 de febrero de 2014

Crucemos la frontera

Me prometí volver a escribir sólo cuando lo sintiera. Seguramente en uno de esos momentos de indiferencia en los que nada te importa demasiado. Ni siquiera aparentar que sabes hacer algo bien. O que al menos lo intentas. Supongo que de nada sirve forzar las cosas. Ni siquiera esa estúpida sonrisa reflejada a diario en televisión. Todos sabemos que acabareis en off. Y es que al final, todo acaba. Sí. Pero... ¿y qué? A mi me interesan los comienzos, ¡el final ya lo sé! Prefiero el punto de partida. La emoción de un niño al escuchar la mítica frase Érase una vez... los silbatos al comenzar un partido, o los gritos que encienden el ambiente en un concierto de verano. Eso es lo emocionante. El origen, el camino, la vida. Aprender. Y no hace mucho me propuse confiar un poco más en mí mismo, compensar mis errores y nunca rendirme. Pero sobre todo, disfrutar del viaje (es por eso que nunca me verás dormido en el autobús sino pegado a la ventana observando todo lo que pase). Prometí repetir nuestra fotografía en cada país. Prometí un montón de risas junto al café. Prometí volver a bailar nuestra canción. Prometí valorar los pequeños detalles y a los grandes amigos.

Prometí volver a escribir cuando lo sintiera. 
Prometí volver a cruzar fronteras. 
Con ella. 
Mi amiga. 
Mi niña. 
Mi compañera.


Para mí, la mejor sensación es sentirte orgulloso de una amiga. 
Te quiero Nati.

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