Estos dos últimos años logré escapar y aunque siempre terminaron pillándome, conseguí pasar un par de horas con las locas mas divertidas de Sevilla. Esta vez no ha sido posible; tal vez no he insistido lo suficiente, tal vez no estaba realmente motivado. No lo sé. El caso, este año me quedé sin Orgullo. Y esta mañana, mientras veía las fotos de todos mis amigos disfrutando la noche del sábado, puse al máximo el volumen de los altavoces, me levanté de la silla, y procedí a realizar varios movimientos descoordinados y frenéticos, fuera de sí. Yo, desenfrenado, el ventilador y Alaska de fondo. Mi propio orgullo en mi habitación ¿no es genial? Y durante unos 30 minutos bailando y revolcándome en la cama he sido el chico mas feliz y orgulloso de ser tal como es, sin complejos, sin inseguridades ni temores. Manu Gago en todo su esplendor.
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