Eran años rebeldes. La nueva generación quería un mundo nuevo. Se trataba de la década de los 60. La brutal guerra de Vietnam, el racismo, la opresión en la educación, el avance desenfrenado del comunismo y otros factores marcaron un sinnúmero de movimientos sociales contraculturales. El movimiento hippie, Mayo del 68 o la Primavera de Praga fueron algunas de las corrientes y revoluciones más destacadas de los sesenta cuyo propósito no era otro que alcanzar una armonía social y económica que permitiese ampliar los derechos de los ciudadanos deseosos de conquistar la libertad de expresión individual. Es una época que me ha interesado siempre, una época cargada de ídolos de masas: Che Guevara, Kennedy, Andy Warhol, Picasso, Sartre, The Beatles o Woodstock. Años realmente emocionantes. Pero no menos que la actualidad.
Ayer charlando con una de mis profesoras de filosofía sobre la revolución de los sesenta y su incalculable legado a la humanidad, descubrí la hasta entonces para mi ignorada importancia de nuestra era y encontré la oportunidad de rendir un homenaje a nuestro tiempo. Sin duda tiempos apasionantes y muy intensos. La elección del primer presidente negro en los EEUU, la revolución de los países árabes contra la opresión de sus gobiernos, el movimiento de indignados 15M, que en principio pretende manifestar su malestar ante la actual situación política en mi país, y la lucha contra el machismo, la violencia de género y enfermedades mortales como el sida.
A pesar de los conflictos que hoy sacuden al mundo, que no son pocos, estoy orgulloso de vivir este momento; creo en mi generación y en su capacidad de cambiar las cosas que no tolera, en su capacidad de progresar y perseguir los objetivos fijados. Es cierto, quizás nos falten líderes carismáticos pero... ¡Aún estamos a tiempo!
No perdamos nada de nuestro tiempo; quizá los hubo más bellos,
pero este es el nuestro. Sartre.
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