Parqué de primera, escritorio de caoba, sábanas suaves y blancas y dos lámparas simétricas a cada lado. Tirado en la cama y con las cortinas prácticamente echadas, observo un tímido hilo de luz acosado por la oscuridad de la habitación del hotel. Podría estar en cualquier ciudad del mundo...Tal vez París, Florencia o Barcelona. Pero este amanecer pertenece a Madeira, una pequeña isla portuguesa en pleno océano Atlántico. Funchal, su capital, ha resultado ser todo un descubrimiento para mí.
Como hicimos escala en Lisboa y teníamos que esperar unas 4 horas el próximo avión, decidimos
visitar el centro de la ciudad, que a pesar de tener un aspecto muy decadente me resultó preciosa.









Bonitas fotos!!!! Que paisaje!:D
ResponderEliminarQue pases un buen día!