Parto del
hecho de que hay preguntas que es mejor no hacerse. Y es que la ignorancia, en
sí, está infravalorada. Ya lo decía Oscar Wilde: “Hablan mucho de la
belleza de la certidumbre como si ignorasen la belleza sutil de la duda. Creer
es muy monótono; la duda es apasionante.” De hecho, el compromiso de la duda es
más feroz que cualquier otro; nos obliga a estar constantemente buscando
respuestas, lo que nos revela, irremediablemente, el secreto de
la juventud eterna. La curiosidad, inquieta y descarada.

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