Cuerpos escuálidos postrados en el escaparate más caro. Geniales, extraordinarios. Zarandeando su estilo cuidado al detalle, colmado de tintes orientales y estampados imposibles. Jeans, plataformas, cadenas y un par de aros del extrarradio. Sin duda, un gusto exquisito. La clase personificada... Inocentes corderitos pastando sobre el asfalto de la quinta avenida. Todo vale con tal de ganar unas libras de más, unos segundos más sobre el salpicadero, alimentándoos de tendencias fugaces que no hacen mas que condenaros como siervos de un imperio que nunca os pertenecerá. Platillos al vuelo que inflan vuestro ego, como palomitas en el micro-ondas a punto de estallar. Baterías retumbantes que aturden mis oídos, que anuncian el final. ¡Se lo debéis a Hu Jintao y lo sabéis!
Excéntricos y maniáticos del lugar, cada ápice de rencor no es más que un manjar para este paladar aterciopelado que sucumbe a la tentación y escupe al enemigo. Despídete, esto promete.

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