Esta noche podría hablar de tantas cosas. Tal vez de mis sueños, de mis miedos inconfesables, de mis ganas infinitas de largarme de aquí, de crear y experimentar. De todas mis manías, aventuras y oportunidades desaprovechadas, de mi rebeldía o mi hastío por los infantiles. Mi indiferencia y mi ambición; mis intereses, metas y objetivos más cercanos, más lejanos. Podría hablar de mis caprichos, antojos y rarezas matinales. De mis amigas, de Coldplay, de los helados con pipitas de chocolate, de los placeres ocultos, de la belleza en general, de mi desconfianza, de la rabia y antipatía, de tu aclamada pasividad y tu vulgar derrota. Podría hablar de las noches de domingo, noches raras y desconcertantes, noches que no llevan a ninguna parte. Podría hablar del realismo y consecuente pesimismo, aplastante y persistente. Podría hablar de tantas cosas… que no creo que pueda hablar de ninguna. No esta noche, tal vez mañana.
Me voy a la cama, con un poco de suerte estaré dormido en un par de horas.
Buenas noches.
Me voy a la cama, con un poco de suerte estaré dormido en un par de horas.
Buenas noches.
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