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jueves, 28 de julio de 2011

A solas con Juliette

No me gustan los extremos, ya con mi personalidad tengo suficiente. Algo parecido le ocurría a Juliette, la cual detestaba el calor abrasador de la villa en pleno mes de julio. Es curioso, pues había deseado la llegada del verano todo el año y aunque ahora disponía de todo el tiempo del mundo para bailar o escribir, estaba deseando que llegara septiembre, y aún más el otoño. La suave y melancólica brisa de otoño.  Había sido un año duro, los estudios comenzaban a irle mal, Margot se había marchado a la capital, y sentía haber dejado escapar la oportunidad de su vida. Frente al arroyo, se despojó de toda su ropa vieja para sumergirse en el agua completamente desnuda. Varios minutos más tarde, se sentó en la orilla frente al sol ardiente. Entonces cerró sus ojos y se mantuvo inmóvil, sin mirar, ni pensar. Inmóvil. Dejando exclusivamente que los punzantes rayos de sol penetrasen y tiñesen su piel, secando de nuevo su larga melena pelirroja.  



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