El ocaso, que oprime tus
caderas y encierra la verdad, que agudiza el oído y nubla tu mirada, y
atraviesa el cuadrilátero y anuncia su llegada. El cristal vendado y entonces,
la luz exacta, justa y exacta. Tenue, suave y cálida. Recorre mis sentidos, afila
mis extremos y desciende por mi espalda. Bailando mis agudos, aliviando los más
graves. A cada nota, a cada paso. Proyectados, como un espejo. Lo que soy, lo
que siento, mi silueta y el éxtasis de haber existido alguna vez... De luces y sombras.
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