Vemos el mundo como somos, con la educación que hemos recibido, con las historias de familia que hemos escuchado o las personas que hemos conocido. Es decir, con las experiencias que hemos vivido y nos han marcado. A veces este legado vital nos impulsa, nos hace felices, nos resulta adecuado para sacar el máximo partido de las oportunidades que van surgiendo, nos proporciona recursos suficientes para obtener los resultados que queremos. Pero otras suponen un lastre tremendo, una barrera infranqueable, unos zapatos de cemento que nos hunden en las profundidades del fracaso, de la insatisfacción y de la pérdida de oportunidades.
Hay quien no es consciente de esto, o lo es pero no sabe como remediarlo. Afortunadamente cada vez más personas toman conciencia de este fenómeno y del poder que todos tenemos para cambiar las cosas, y entienden que el único camino para conseguir resultados diferentes es hacer cosas diferentes, para lo cual necesitan modificar algunas creencias. Esto es desaprender, olvidar los aprendizajes limitantes para incorporar otros que nos proporcionen impulso para alcanzar aquello que queremos, ampliando nuestra perspectiva de la vida y modificando las creencias que nos impiden avanzar.
Somos lo que somos y esa esencia nunca cambia. Cada uno de nosotros es único, especial e irrepetible, lo cual es fantástico. Y partiendo de lo que somos, debemos desarrollarnos en la dirección que queremos y llegar a ser la mejor versión de nosotros mismos. Para ello es necesario desaprender algunas cosas y aprender otras nuevas. Es un proceso fascinante, que sin duda alguna nos acerca cada vez más a la felicidad.
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