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domingo, 22 de abril de 2012

Fijación vital



La estabilidad no ayuda. El arte, en sí, precisa de desequilibrio emocional, de trastornos pasajeros que atraigan a la inspiración y calmen su hambre. La perfección casual no procede, ni siquiera la armonía de su gloria, pues ha quedado obsoleta. No es eso a lo que me refiero. Hablo de la intensidad de una mirada o la ira más profunda escondida en la palabra. Hablo del dolor y el fruto de tu vientre, Jesús. Si no fuera por esos arrebatos que tanto daño nos han hecho, la humanidad se habría extinguido... de aburrimiento. Quizás por eso soy un fiel defensor de la desmesura vital y la intención expuesta. De la voz en alza y del romance apasionado. Y en definitiva... de la vida misma. O al menos del sentido que yo le doy. Y el arte como tal, se nutre de mis impresiones, de mis inquietudes y mis emociones. Y a pesar del desgaste que pueda suponerme, estaría dispuesto a entregarle cada una de mis noches, pues solo alguien así sabría llenar mi espíritu colmándolo cada amanecer de nuevas ilusiones.   /Carpe diem quam minimum credula postero/

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